jueves, 19 de abril de 2012

¡Cuidado! ser empresario tiene sus riesgos, pero permanecer como empleado...todavía más.

Ser empresario no es una labor sencilla, mucho menos en nuestros días. 

Vivimos en un mundo cada vez más globalizado, en donde las cosas están cambiando a tal velocidad que es difícil seguirles el paso. 

Las formas tradicionales de hacer negocios se redefinen, los mercados evolucionan, industrias enteras desaparecen y aparecen otras nuevas. 

Sin embargo, además del cambio vienen nuevas y grandes oportunidades de negocio, que traerán consigo grandes retos para líderes capaces e imaginativos.

Por ello si deseas aprovechar estas oportunidades y tomar las riendas de tu propio destino, necesitas darle la verdadera dimensión a la tarea. 

No basta con tener ganas de ser empresario; no basta con creer que se cuenta con una buena idea y aburrir a tus amistades con ella en todas las reuniones sociales; no basta con abrir “un changarro” para sacar a duras penas los gastos; para ser un empresario en serio debes ir mucho más allá.

Cada persona es diferente y cada caso es único; pero, con base en mi experiencia personal, migrar de empleado a empresario representa cuando menos tres pasos muy marcados:

  1. Estar firmemente convencido de querer ser empresario o morir en el intento.
  2. Tener un proyecto viable y con altas posibilidades de éxito.
  3. Adquirir las habilidades y aptitudes necesarias para concretarlo y llevarlo al éxito.

Decidiéndote a emprender tu propio negocio.

Son muchas las razones internas o motivaciones personales que pueden influir en una decisión de esta naturaleza: ser tu propio jefe, libertad de elección, autorrealización, elevación del nivel de vida. En fin, éstas son sólo algunas de las posibles recompensas de ser empresario.
 
Sin embargo, existen otras razones externas muy importantes y que debemos considerar seriamente. Con base en cifras del INEGI, en México hay cerca de 41 millones de personas menores de 19 años, jóvenes que se irán incorporando año tras año al mercado laboral. La población económicamente activa (PEA) o la fuerza laboral del país se calcula en unos 44 millones de personas.

¿Qué pasará en los próximos 20 años en México? Unos 20 millones de adultos mayores dejarán de laborar, pero se habrán integrado otros 40 millones jóvenes, lo que se traduce en una fuerza laboral de aproximadamente 60 millones de personas. De este simple cálculo se desprende el tan popular millón de empleos anuales que requerimos como país para poder satisfacer la demanda laboral.

¿Qué significa lo anterior? En términos simples y utilizando la ley de la oferta y la demanda, supone lo siguiente: a mayor oferta laboral, menores sueldos y salarios. A menores sueldos y salarios, menor nivel de vida y menores opciones individuales. Así de sencillo. Por tanto si sigues pensando tener un buen empleo el resto de tu vida, piénsalo dos veces: ni tu edad ni el costo de la vida disminuyen con el paso del tiempo.

Desarrollando tu idea de negocio

No todas las ideas son necesariamente oportunidades de negocio y no todas las oportunidades de negocio son adecuadas para nosotros. Piensa en los miles de negocios que abren sus puertas y que cierran antes de los primeros dos años. Te puedo asegurar que sus propietarios creían inicialmente que tenían una gran idea. 
¿Entonces qué pasó? De manera simple, NO ERAN VIABLES.
Para que una idea sea una oportunidad de negocio viable, existen múltiples factores que debemos considerar. Por ejemplo:

- Tenemos que encontrar un problema que podamos resolver o una necesidad que podamos satisfacer el negocio en sí)

- Tenemos que estar seguros de poder resolver el problema o satisfacer esa necesidad con eficiencia, ya sea trabajando nosotros mismos o por medio de empleados o socios (capacidad técnica u operativa)

- Tenemos que resolver el problema o satisfacer la necesidad mejor que el resto de competidores (ventaja competitiva o diferencial)

- Tenemos que resolver el problema a un bajo costo, para que con el remanente podamos operar y crecer (márgenes y viabilidad financiera)

- Tiene que haber una cantidad razonable de personas o empresas con el mismo problema o necesidad, de tal manera que aun cuando sólo le vendamos a una pequeñísima porción del mercado, nos baste para operar el negocio (demanda suficiente)

Todos estos factores se consideran en lo que se denomina “plan de negocio”. Un plan de negocio bien realizado te permitirá determinar precisamente si tu negocio es viable o no. Te recomiendo que te acerques a un profesional en la elaboración de planes de negocio o a una persona que tenga experiencia en este ramo.

Además de estos factores, considera que te debe gustar el negocio. Está comprobado que tienes mucho más probabilidades de éxito como empresario si disfrutas y te apasiona lo que haces.

Steven S. Little, un reconocido consultor empresarial, menciona en su libro “Crecimiento de pequeños negocios” la siguiente idea: “La pregunta correcta no es: ¿Qué negocio debo emprender?… La pregunta correcta es: ¿Qué negocio debo poner en marcha que explote al máximo mis habilidades, pasiones y contactos?”. Responde a esa pregunta y será más factible que cuentes con una buena idea de negocio.

Haciendo tu proyecto realidad

Uno de los errores que cometemos muchas personas cuando emprendemos por primera vez, es creer falsamente que al ser expertos en nuestras áreas de especialidad, tendremos grandes probabilidades de ser exitosos como empresarios. Es decir, pensamos que por el simple hecho de ser buenos ingenieros civiles o buenos contadores públicos podemos disponer de una empresa constructora o un despacho contable de prestigio. Nada más alejado de la realidad.
 
Un buen ingeniero civil y un buen contador son sólo eso: un buen ingeniero civil y un buen contador. Para ser empresario, se necesitan otras habilidades. Se requiere saber de mercadotecnia, ventas, planeación estratégica, contabilidad, finanzas, impuestos, cuestiones legales. Además de habilidades emocionales para liderar equipos de trabajo, tratar con clientes y realizar acuerdos de negocios.

En consecuencia, debes prepararte lo mejor posible y estar adecuadamente asesorado antes de emprender. Una de las opciones es solicitar apoyo en las incubadoras. Las incubadoras de negocios son organismos encaminados a asesorar y entrenar emprendedores para crear negocios viables. 

Este tipo de organismos te apoyan desde la planeación, hasta la ejecución del proyecto, así como en la adquisición de habilidades gerenciales. Incluso algunas te ayudan a conseguir capital o financiamiento por medio de inversionistas o fondos gubernamentales.

Lo más valioso de colaborar con una incubadora es que te ayudará a construir escenarios de negocios más reales y a planear tus acciones con base en éstos. Además, estarás expuesto a los conocimientos básicos para concretar y consolidar tu negocio, que muchas veces nada tiene que ver con tu área de especialidad.

Sin lugar a dudas, el camino del empresario no es nada fácil, pero como advierte el dicho popular: “en esta vida, nada que valga la pena lo es”. 

Fuente:Diego Bañuelos

La estrategia del Océano Azul.

La estrategia del Océano Azul es creada por W. Chan Kim y Reneé Mauborgne y es editado por la Escuela de Negocios de Harvard aunque en México ya podrás encontrarlo en la librería de tu preferencia.

Imagínate dos tipos de océanos, el rojo y el azul, el océano rojo es rojo porque está teñido de sangre por la pelea tan grande que hay entre los peces unos comiéndose a los otros, así es como están la industrias muy competidas, todas las empresas se están haciendo pedazos con el precio, dando más y más a los clientes, abaratando los productos, reduciendo la utilidad y haciendo todo por destruir al competidor, ¿te suenan los anuncios de súper mercados unos contra los otros?;.

Hora imagínate un océano donde sólo unos cuantos peces están nadando o incluso donde sólo nada un pez, no tiene competencia, estas empresas están sin competidores, cobrando literalmente lo que quieren y con clientes peleando por sus productos o servicios, estoy seguro que quieres estar en ese Océano Azul, pero como llegar a él y dejar a un lado la pelea con los competidores la respuesta está en una sola palabra….CREATIVIDAD.

El ejemplo más representativo que utilizan los expertos en el tema es el Cirque du Soleil que como sabes es un espectáculo Canadiense que tiene invadido al mundo, son extraordinarios, es mucha más caro que un Circo o una comedia musical y no tienen competencia… cómo lo lograron, “fácil”, le ofrecieron al público algo que nadie había ofrecido antes, ampliaron el mercado, no sólo está enfocado en los niños ahora sí lo disfruta niños y adultos, una calidad extraordinaria y una variedad de espectáculos que nadie puede hacerles competencia.
 
En el Cirque du Soleil tienen departamentos de mantenimiento, entrenadores, ingeniería, ventas, diseño de vestuario, costura, etc. Algo interesante es que mantienen la misma calidad en todo el mundo y una estrategia que tienen es mandar a sus artistas a ver espectáculos a otras partes del mundo pero 100% como espectadores, comprando su boleto a la entrada, entrando junto con el público y disfrutando el espectáculo del otro lado del escenario.

De las cosas más notables de la estrategia del Océano Azul es la propuesta de ampliar el mercado, ¿a quién más le puedes vender tu producto?, ¿qué empresas podrían ser tus clientes?, ¿para qué otra cosa se pueden usar tus productos?, te sorprenderá la creatividad que tiene tu equipo de trabajo, tus empleados y tus clientes.

Recuerdas la brillantina que usaban tus abuelos en el pelo, te sorprenderá saber que se sigue vendiendo muchísimo y te sorprenderá más que se consume principalmente en talleres de bicicletas para engrasar las cadenas, aunque la brillantina está lejos de ser un océano azul el ejemplo simplemente es para darnos cuenta de que a veces no nos imaginamos los usos de nuestros mismos productos y servicios.

Pues la recomendación es simple, este tipo de estrategias son muy importantes para la evolución de las empresas, los mercados y los clientes así que consigue el libro y a leer se ha dicho porque esta estrategia está revolucionando el mundo de los negocios de manera global.

Fuente:Roberto Espinosa

Aprende los secretos de la administración del tiempo.

El tiempo es sin duda alguna el recurso más valioso que tenemos. 

Es finito, escaso, avanza sin piedad y nos limita en múltiples aspectos de la vida. 

Una de las cosas más interesantes que he aprendido en el entorno empresarial es que los grandes empresarios son comúnmente excelentes administradores del tiempo.

Los mejores líderes de este siglo entienden que la administración del tiempo no se refiere a exprimirle hasta el último minuto al día.

 Stephen Covey, una de las autoridades más reconocidas internacionalmente en cuanto a liderazgo se refiere, explica que la administración del tiempo no es la habilidad de exprimirle más horas al día. 

Tampoco es triplicarse a uno mismo para poder hacer mas cosas. De hecho, no tiene nada que ver con hacer mas cosas; se trata de concretar lo que es más importante.

A continuación te proporciono una serie de prácticas recomendadas por conocidos expertos administradores del tiempo. Puedo asegurarte que si las aplicas de manera regular, experimentarás un incremento notable en tu productividad.

Los 10 puntos más importantes para mejorar tus habilidades en la administración del tiempo

Define claramente los objetivos y selecciona lo más importante. 

Ser más efectivo con tu tiempo es totalmente irrelevante si no sabes en que invertirlo. En ocasiones, las personas gastamos mucha energía intentando ser más eficientes, sin saber a ciencia cierta que es lo que queremos conseguir. 

Recuerda que es primordial distinguir entre las cosas que realmente son importantes y las que no lo son. Una manera sencilla de realizar esto es determinar cuanto cuesta tu tiempo por hora, es decir, la cantidad que deseas ganar al mes divido entre las horas que trabajas (el estándar son 160: 8 horas al día, 5 días a la semana y 4 semanas por mes). 

Una vez determinado este valor sólo sigue la siguiente regla: no hagas nada que potencialmente te pague menos que tu valor por hora multiplicado por el tiempo que invertirás en la tarea.
Analiza como gastas tu tiempo. 

 Te sorprendería saber en cuantas cosas sin importancia gastamos el tiempo. Sin embargo, para conocer con exactitud cuales son estas cosas sin importancia, necesitamos primero hacerlas concientes, y esto se logra llevando un registro. 

Una manera de hacerlo es utilizar un reloj con una alarma que suene cada 30 minutos. Cada vez que suene el reloj, escribe brevemente las actividades que realizaste en la pasada media hora. Una vez que tengas los registros, examínalos. 

¿Cómo se relacionan tus objetivos con las actividades en las que realmente inviertes el tiempo? ¿Estas realmente atendiendo cosas relevantes y prioritarias?

Lleva una lista de tareas pendientes. 

Esta es una de las cosas más simples y a la vez más poderosas de cualquier sistema de administración de tiempo: la lista de tareas.

 No importa si utilizas el dispositivo electrónico de moda o una hoja de papel estraza, pero lleva un registro. Lo que realmente hace la diferencia es el hábito de escribir tus tareas pendientes día tras día.

Asigna prioridad a tus tareas. 

 Una vez terminada tu lista, determina cuales son los elementos más importantes y márcalos de alguna forma que resalten sobre todos los demás. 

Si la lista es muy grande, haz una nueva lista con los elementos prioritarios para el día o la semana. 

Volviendo a la práctica de determinar tu valor por hora, otorga más prioridad a las tareas que potencialmente te paguen más.

Planea tu día desde el día anterior. 

Todos los expertos en administración del tiempo recomiendan planificar desde el día anterior las actividades del día siguiente. 

Toma los últimos 10 minutos de cada día para repasar tu lista de pendientes y determinar que es lo que tienes que concretar al siguiente día. 

Este simple ejercicio te permitirá comenzar cada jornada sabiendo exactamente que necesitas hacer y con cual tarea debes iniciar.
No dejes las cosas para después. 

Reza el viejo dicho popular: “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Aplazar para el final las cosas que no te gusta hacer es una de las peores estrategias que puedes utilizar, ya que lo único que lograrás es prolongar el estrés asociado a la tarea. 

¡Haz lo que no te gusta hacer primero! De esta manera, el resto del día transcurrirá de manera más placentera. Si la tarea es muy grande, divídela en tareas más pequeñas hasta que te sea fácil dar el primer paso.

Delega en los demás.

 Una forma de hacer más en menos tiempo es asignando tareas a terceras personas. La clave para delegar consiste en asignar alguna actividad a alguien más si este puede hacerlas más rápido, más fácil o mejor que nosotros. En caso de que no tengas a alguien directamente a tu cargo, considera delegar las tareas en un tu pareja, un proveedor o inclusive en un cliente.

Recuerda que como decía Maquiavelo: “el fin justifica los medios”. Eso sí, después de delegar no se te olvide agradecerle a los demás de la manera apropiada. Probablemente estas pensando que a la gente no le gusta recibir tareas de terceros. Sin embargo, diversos estudios muestran exactamente lo contrario: a las personas nos gusta que nos asignen tareas y especialmente si somos buenos haciéndolas; así que escoge a la persona más apropiada y delega la tarea.

Aprende a decir “NO”. 

Decir “no” puede ser una de las herramientas de administración de tiempo más poderosas que puedes llegar a dominar. Por supuesto, no se trata de evadir responsabilidades, sino de invertir nuestro tiempo en donde somos más productivos. 

Si la tarea en cuestión interfiere con los objetivos que tienes planteados, busca una manera sutil para negarte. Sugiere a otra persona que pueda hacer el trabajo con los mismos o mejores resultados y siempre de la manera más amable posible.

De manera similar, una de las filosofías que mejor me ha funcionado en los negocios es la siguiente: solo acepta los proyectos en donde ambas partes ganen, tanto el cliente como tu empresa. 

Si el cliente no se va a beneficiar “substancialmente” al adquirir tu producto o servicio, e insisto, “substancialmente”… mal negocio. 

Por otro lado, si la remuneración que obtendrás por el proyecto no te permite obtener una utilidad razonable después de pagar los costos, mal negocio. Los mejores negocios que puedes hacer son siempre en donde ambas partes ganan.

Concéntrate en la tarea actual. 

Concéntrate al cien por ciento en una y sólo una tarea a la vez. Cuando logramos concentrarnos al 100% por espacios de horas, tenemos periodos altamente productivos. 

Sin embargo, lograr esta concentración y entrar en esta zona de productividad cuesta mucho trabajo y cualquier interrupción es suficiente para salir de ella. 

Es por esto que debes tratar de eliminar todas las distracciones posibles: desconecta el teléfono o activa la contestadora, apaga el celular, cierra el correo electrónico o los programas para “chatear” y cierra tu puerta.
No te olvides de la persona más importante. 

 A veces, cuando tenemos grandes proyectos en puerta, tendemos a olvidarnos de los demás y lo que es peor, de nosotros mismos. Sin embargo, para ser altamente productivos requerimos de un adecuado balance entre cuerpo y mente. 

Realizar actividades que nos relajen, alimentarnos de manera adecuada y compartir tiempo con nuestros seres queridos, es lo que realmente nos permite adquirir un estado de armonía y rendir al máximo por periodos prolongados. 

No olvides recargar tus baterías, porque solo así obtendrás la energía que necesitas para concretar todos tus proyectos. 

Fuente:Diego Bañuelos